LIBERTAD PARA INFORMAR SIN CENSURA PREVIA: EL VALOR DE LA DEMOCRACIA

Evocación. Imagen creada con IA. 


Vivimos tiempos en que la sindéresis, entendida como esa capacidad de discernir y juzgar rectamente entre aquello que corresponde y aquello que no, parece encontrarse cada vez más debilitada.

Son tiempos en los que las personas expresan sus intenciones, con o sin fundamentos razonables, de manera visceral o explícita, muchas veces sin medir las consecuencias de sus palabras ni considerar que el ejercicio de un derecho propio encuentra necesariamente un límite en los derechos de los demás.

Nada nuevo bajo el sol. La historia nos demuestra que el ser humano ha conocido siempre períodos de tensión, desencuentro y pérdida de certezas. Lo verdaderamente preocupante no es que existan diferencias, sino que lleguemos a considerar legítimo imponerlas sobre otros mediante la presión, la censura o la restricción injustificada de sus libertades.

En una sociedad democrática, informar no debería depender de la simpatía que genere aquello que se publica. La libertad de prensa existe precisamente para permitir que distintas voces puedan comunicar, investigar, cuestionar y dar a conocer aquello que consideran relevante para la comunidad.

Y ese principio adquiere especial importancia cuando hablamos de espacios donde se desarrolla la vida pública y comunitaria. El deporte, en particular, pertenece a las personas que lo practican, lo organizan y lo sostienen día a día. Los medios regionales tenemos la responsabilidad de contar esas historias, registrar sus protagonistas y acercar esa realidad a quienes no siempre pueden estar presentes.

La libertad de informar no significa desconocer normas, protocolos o reglas de funcionamiento. Significa que tales reglas deben ser claras, razonables, equitativas y aplicadas de manera compatible con el ejercicio de la labor de prensa. 

Porque una democracia no se fortalece cuando quienes informan guardan silencio ante una restricción. Se fortalece cuando las instituciones, los ciudadanos y los medios son capaces de convivir dentro de un marco de respeto, diálogo y derechos.

La prensa no está para agradar. Está para informar.

Y cuando una sociedad comienza a considerar incómoda la existencia de medios independientes simplemente porque preguntan, registran o publican aquello que algunos preferirían que no se conociera, el problema deja de ser solamente mediático. 

Pasa a ser un asunto de democracia.

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