ENTRE RUMORES Y BATES: JÓVENES DE VENEZUELA MANTIENEN VIVO EL SÓFTBOL EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE

ENTRE RUMORES Y BATES JÓVENES DE VENEZUELA MANTIENEN VIVO EL SÓFTBOL EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE
Softbol en Venezuela. Captura video de Eduardo González. 


Mientras en redes sociales y medios extranjeros circulaban rumores sobre una posible tensión militar entre Estados Unidos y Venezuela, en un pequeño sector de Punto Fijo, Estado Falcón, la vida seguía ocurriendo alrededor de un diamante de tierra: jóvenes, padres y vecinos reunidos para ver partidos de sóftbol comunitario.

En el Estadio Guadalupana, donde el viento levanta polvo y risas a partes iguales, cuatro equipos formados por muchachos del sector llevan tres días jugando seguido. No por obligación ni por competencia profesional, sino por algo mucho más simple y poderoso: mantener la comunidad unida.

Los muchachos de aquí cerca de mi casa juegan. No es liga, es solo para hacer deporte y divertirse”, cuenta Eduardo González, vecino del sector y testigo de esta dinámica que se ha convertido en un ritual cotidiano. “Son cuatro equipos. Hoy juegan dos, y el que gane pasa a la final contra los otros dos”, explica mientras observa a sus primos desde las gradas.

Las edades van desde los 18 hasta los 35 años. Predominan los jóvenes, aunque siempre aparece uno que otro adulto que se suma por pasión o nostalgia. Antes jugaban solo los fines de semana, pero ahora —dice Eduardo— “tienen tres días jugando seguido”.

Para hacer los encuentros más entretenidos, los equipos apuestan refrescos, galletas o snacks. Nada de dinero, nada formal. Solo el deseo de competir sanamente.


Un proyecto que nace desde el barrio

La comunidad quiere ir más allá. No basta con jugar: buscan reparar el estadio y generar actividades que involucren a los más pequeños.

“Vamos a hacer un torneo invitando equipos de otras partes para reunir fondos y arreglar las partes dañadas del estadio”, cuenta Eduardo. “Queremos comprar lo necesario para los juegos y rescatar valores en los niños. Hay demasiadas redes sociales y pocos valores ahora”.

La iniciativa tendrá su primera reunión formal este viernes. La meta es ambiciosa, pero la motivación es real: que el deporte sea un refugio y una vía para reconstruir comunidad.


Jugar mientras el país enfrenta rumores

Desde Chile, las noticias sobre Venezuela suelen llegar cargadas de dramatismo: titulares que hablan de conflicto, de tensión internacional y, recientemente, de supuestas movilizaciones militares.

Cuando le preguntamos qué se vive realmente allá, Eduardo entregó un testimonio sincero y humano, que ayuda a entender la distancia que existe entre el rumor y la realidad diaria.

“Por lo menos acá donde vivo tuvimos toque de queda por tres días por los supuestos buques invasores que estaban cerca de la costa”, cuenta. “Pero no hay nada en concreto, solo especulaciones. Nos mandaron a tomar precauciones”.

El ambiente generó, al inicio, miedo e incertidumbre.

“Al principio sí se sentía feo por el miedo. Pero ya gracias a Dios todos están tranquilos”, agrega.

Le preguntamos si siente que vive en un país en guerra.

Su respuesta fue clara:

“Mi vida cotidiana es normal, gracias a Dios aquí no ha pasado nada… No somos un país en guerra. Solo que el gobierno toma precauciones”.



El deporte como normalidad en tiempos inciertos

Para muchos jóvenes de Las Piedras, el sóftbol no es solo un juego. Es una forma de mantener la cabeza en alto cuando el ruido político, económico o mediático se siente demasiado fuerte.

“Por esa y muchas razones más estamos haciendo esto, para llamar la atención de los jóvenes, dice Eduardo. El deporte nos ayuda”.

En medio de rumores, toques de queda o tensiones externas, el diamante del Estadio Guadalupana se convierte en un recordatorio simple: la vida sigue, se juega, se corre y se ríe.

Una comunidad que apuesta galletas y refrescos para olvidar los titulares, y que sueña con reconstruir un estadio para devolverle al barrio un motivo de orgullo.


Un reportaje desde Chile para mirar más allá de los titulares

Lo que ocurre en Venezuela impacta a Chile por la cercanía con su comunidad migrante y por la cobertura internacional. Pero historias como la de Eduardo y los jóvenes de Punto Fijo son una ventana a una realidad más humana y menos estridente.

Un país donde, aun con incertidumbre, la normalidad también existe.

Un barrio donde el deporte es resistencia.

Y un grupo de jóvenes que, entre bates y guantes, mantienen viva la esperanza.

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