UN DÍA DE TREKKING EN USHUAIA



La ciudad más austral de la Tierra del Fuego Argentina se revela como gran punto de partida para caminatas.

La llovizna no la intimida. Aimé Ramunda es de acá y entiende que en Ushuaia el clima puede cambiar abruptamente varias veces al día. Lo saben hasta los turistas recién llegados no sólo porque lo experimentan, sino porque todos los fueguinos lo cuentan a cada rato: "Tenemos verano, otoño, invierno, primavera, en un solo día", revelan, cada uno a su turno, la remisera, el mozo, el conserje y el barman. Algunos, como el taxista del aeropuerto, van por más: "¡Las cuatro estaciones en diez minutos!" La meteorología es trending topic, como en cualquier lado, pero con más actualizaciones diarias y (aún) menos previsibilidad.

Con o sin lluvia, Aimé encabeza decidida un trekking desde el valle de Andorra, a pocos minutos del centro de Ushuaia, hasta la laguna de los Témpanos, al pie del glaciar Vinciguerra. Una de las muchas caminatas que se pueden encarar casi desde la misma ciudad más austral para alcanzar sitios de una belleza virgen merecedora de cualquier esfuerzo.

Además de fueguina es guía profesional (para el hotel Arakur), escaladora, rescatista, snowboarder y caminante serial desde muy chica, cuando, si se enojaba, simplemente marchaba sola por alguna senda durante horas hasta bajar el malhumor. Así que tiene claro que en esta parte del mapa no conviene apurarse a celebrar por unos rayos de sol ni suspender programas al aire libre en cuanto las primeras nubes grises empiezan a hacer señas desde arriba.

El trekking es de doble jornada, baja dificultad y alta satisfacción para quien tenga debilidad por los bosques con sus colores, olores, luces, leyendas e intensidades. Es ideal, también, para descubrir que en Tierra del Fuego no sólo cambian las condiciones meteorológicas, sino también el terreno, bastante seguido. Por ejemplo, el comienzo transcurre por un valle plano sin mayor complicación que el cruce de un mínimo arroyo por un puentecito de troncos medio precario. Pero enseguida llama la atención la poca firmeza del terreno, que se siente como un colchón de agua, en partes rojizo, en partes verde, de varias hectáreas.

Bienvenidos a un auténtico turbal fueguino, un suelo esponjoso, orgánico, tradicionalmente explotado para abono o combustible (como lo hacen en las islas Malvinas, por ejemplo). Pisar sobre turba descoloca, modifica certezas del andar, hace temer que la superficie ceda y los pies se hundan en el agua subterránea. O en plan más fantástico, que en vez de turba se trate del lomo de un perturbador bicho de película clase B, dormido, pero a punto de desperezarse.

PURA ACCIÓN... EN CÁMARA LENTA

Sale el sol y pronto el sendero comienza a inclinarse. A medida que trepa los cerros se mete también en el bosque de lengas. No es un entorno en el que se aprecie demasiada fauna, más allá de algunas aves, una pareja de cauquenes, una garza bruja. Sin embargo, el bosque fueguino es pura acción y hasta drama, si bien en silencio y cámara muy lenta: árboles encimados que se disputan los rayos de sol a la vez que los filtran en efectos de luz catedralicios; troncos caídos, sometidos por el hongo de la temible (más material para cine clase B) podredumbre roja; parásitos como el llao llao; musgos flúo y pequeñas orquídeas. Batallas mínimas y cotidianas en la intimidad del bosque.

Pero lo del silencio no es tan así porque después de la lluvia y el sol arranca un firme repiqueteo sobre la vegetación: sí, está nevando. "Mejor nieve que lluvia", observa Aimé, porque la nieve, esta nieve estival, no empapa ni se acumula ni complica. El obstáculo sigue siendo el barro, traicionero en algunas subidas. El bastón de trekking, que en la turba parecía un estorbo, ahora es el compañero ideal.

COSAS DE CHICAS

Para cuando el bosque termina, tras el límite de vegetación, la nevisca también. Lo que no sufre modificaciones es la energía de Aimé, que ayuda a los hombres del grupo a atravesar otro de esos puentes dudosos sobre un hilo de agua tan pura como helada. "¡Vamos, que podría cruzarte en brazos!", le dice entre risas, pero en serio, a alguno que duda en entregarse al auxilio del ex sexo débil. De verdad: Aimé se fogueó durante tres años en la tecnicatura como guía de montaña, en Mendoza. "Ahora es distinto, pero entonces todavía se sentía esa tradición militarista y muy machista, tan dura para las pocas mujeres que nos metíamos en la carrera", recuerda durante una pausa a dos tercios del trayecto. Cuenta que en una de sus primeras misiones profesionales acompañó a un grupo al Aconcagua. En el grupo había un suizo. "Me deliró durante días por ser mujer. Tenía muy buen estado, pero no administró bien sus fuerzas y, al final, las piernas no le respondían y se puso a llorar como un nene. Le pegué un par de gritos para que se calmara y lo bajé atado."

Claro, en comparación, el trekking a la laguna de los Témpanos es un picnic. Igual la llegada, incluso en casos de extrema sencillez como éste, reserva una buena dosis de satisfacción, potenciada por la panorámica de una laguna a 800 metros sobre el nivel del mar y el glaciar Vinciguerra, tan indiferente al verano, bajo el sol del mediodía. Después de saborear e inmortalizar en fotos la pequeña victoria, Aimé organiza el almuerzo de sándwiches gourmet y té entre las rocas... bajo otra sutil nevada.

"En Ushuaia -dice en modo primicia- podemos tener las cuatro estaciones en un solo día." Que es como decir en un solo trekking.

La Nación Argentina
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