EL ROL DEL PEDIATRA EN LA PREVENCIÓN DE LA OBESIDAD INFANTIL


Constituye el principal problema de malnutrición del adulto.

La obesidad se ha incrementado de forma alarmante en los países desarrollados y en desarrollo. Constituye el principal problema de malnutrición del adulto y es una enfermedad que se ha visto aumentada notoriamente en la población infantil.

La consulta pediátrica de control es fundamental en este sentido, ya que permite al pediatra identificar factores de riesgo que pueden favorecer que un niño se convierta en obeso, como lo son:

Obesidad de alguno de los padres.
Peso al nacer mayor de 3500 gramos.
Bajo peso al nacer < 2500 gramos y rápida recuperación.
Comportamiento sedentario.
Alimentación inadecuada.
Ganancia de peso previa al desarrollo precoz, es decir, antes de los 5 años.
Incremento rápido del Índice de Masa Corporal (IMC) a partir de los 8 años (más de 2 unidades por año).
En estos casos son necesarias consultas más frecuentes para evaluar la evolución del niño(a) según la gráfica de crecimiento en peso y talla.

La principal estrategia para controlar la obesidad es la prevención y el diagnóstico precoz, es decir, apenas comienza la ganancia exagerada de peso.

La obesidad si se puede prevenir la infancia, para ello es muy importante:

- Mantener la lactancia materna exclusiva (sólo recibe lactancia materna, sin fórmulas lácteas) al menos hasta los 6 meses, ya que el niño amamantado en forma exclusiva controla mejor la cantidad de su alimentación, porque la saciedad (“llenura”) no depende solamente del volumen de lo que se come, sino también del tipo y concentración del alimento.

El niño alimentado al pecho realiza más actividad física que el alimentado con leches artificiales (requiere mayor esfuerzo la succión), emplea más tiempo en su participación en la lactancia, y permanece más tiempo despierto.

- Iniciar la alimentación complementaria (introducción de alimentos diferentes a la leche) a partir de los 6 meses.

- Evitar el agregado excesivo de cereales (almidones) en la leche, así como azúcar (sacarosa) en los alimentos.

- Restringir el consumo de golosinas (“chucherías”) dulces o saladas y bebidas endulzadas (refrescos, malta, jugos pasteurizados).

- Favorecer el consumo de frutas y vegetales cinco veces al día, en pequeñas cantidades.

- Estimular la práctica de actividad física acorde con la edad del niño.

- Incluir y motivar al grupo familiar, especialmente los padres, en los cambios sugeridos, para que sean ejemplos de sus hijos.

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