Señalan que es un problema de salud pública.
El próximo martes el Senado votará el polémico proyecto que regula la composición nutricional de los alimentos y su publicidad (Boletín N° 4921-11) que generó la semana pasada una intensa disputa verbal entre la Concertación, la Alianza y el gobierno.
Tras el público rechazo de la Sofofa a la iniciativa -que pretende, restringir la venta de comida chatarra en establecimientos educacionales e impedir la entrega de juguetes por la compra de estos alimentos- y los reparos de la Alianza de que se atentaba contra la libertad individual de elegir qué comer, la Concertación acusó al oficialismo de ser "caja de resonancia" de los empresarios.
EXPERTOS EN NUTRICIÓN
En medio del debate los expertos en nutrición alzan su voz y respaldan la iniciativa, pues la consideran un primer paso para combatir el grave problema que significa que un 20% de los escolares de primero básico son obesos, como reveló la Encuesta Nacional de Salud 2010.
La nutrióloga y docente de la Universidad Diego Portales, Eliana Reyes, afirma “cuando se trata de la salud de los niños, ninguna medida es absurda. Es bueno que haya una legislación más bien restrictiva”.
De esta forma, Reyes descartó -desde su experiencia médica- los argumentos de que la iniciativa atenta contra la libertad de elegir qué comer. “El proyecto apunta a educar a las familias. De todas formas tendrán la libertad de adquirir la comida en supermercados. No se prohibe, sino que se restringe la venta de comida poco saludable en el colegio, por el riesgo de que los niños hagan una elección inadecuada. No podemos dejarle a ellos la responsabilidad de lo que comen”.
En este sentido, explica que la obesidad en etapa escolar es un problema grave, porque redunda en “adolescentes y adultos jóvenes con enfermedades cardiovasculares que antes se veían después de los 40 ó 50 años”.
La especialista agrega que “para combatir la obesidad infantil se necesita mucha educación sobre nutrición y estilo de vida saludable, por lo tanto cada iniciativa que eduque a la población sobre lo que come -en cuanto a calorías, contenido de grasa y sal- será bueno”.
ELEGIR CON INFORMACIÓN
Para Geraldine Lapuente, nutricionista de Clínica Vespucio, es fundamental tomar cartas en el asunto, pues “los índices de sobrepeso y obesidad en la población infantil son alarmantes. Es un problema de salud pública, el Estado debe resguardar a los ciudadanos. No es un atentado a la libertad de elegir, lo óptimo sería que escogieran como alimentarse con conocimientos adecuados y responsabilidad”, sentenció.
De ahí que, a su juicio, el proyecto de ley aparezca como un buen punto de partida, pero “debe ir acompañado de un programa educativo en alimentación para lograr cambios en los hábitos de las personas”.
Eso requiere, agrega Lapuente, “una ardua tarea que involucra una labor educativa potente y constante con una mirada preventiva en la población”.
Por ello, ambas especialistas concuerdan con la prohibición de venta de comida chatarra o golosinas en los establecimientos de educación básica y media.
“Donde hay niños, se debe restringir la venta de alimentos chatarras y bebidas con azúcar. Hay países como Canadá y EEUU que prohibieron la venta de bebidas dulces en los colegios, por qué no lo podemos hacer acá. Es por el bien de la salud de la población. No se estará restringiendo algo esencial”, afirma la docente de la UDP.
En la misma línea, Lapuente precisa que “hay una gran cantidad de niños y adolescentes que compran su colación y/o almuerzo en el colegio y se encuentran con una gran oferta de alimentos chatarra, es decir, de alto contenido de sal, azúcares y grasas que, por sus características organolépticas, son altamente apetecibles y además, baratos”.
Asimismo, Reyes apoya la idea de prohibir la entrega de juguetes o incentivos asociada a la compra de comida chatarra, pues “es un gancho para los niños que eligen con el interés de juntar una colección de juguetes. No me parece ético, porque los niños son manipulables”.
SIMPLIFICAR EL ETIQUETADO
Aunque en el debate parlamentario se rechazó crear un semáforo nutricional para la alimentación saludable, tanto la doctora Reyes como Lapuente concuerdan en que era un buen mecanismo para facilitar la tarea de entender qué producto es saludable y cual no.
La docente de la UDP apunta a la necesidad de simplificar el etiquetado nutricional.
-Se debe destacar si un alimento es alto en grasa, sodio, azúcar, grasas saturadas.
-Usar colores
-Incorporar leyenda explicativa: si un alimento es alto en grasas saturadas, los hipertensos no lo deben consumir o que uno alto en azúcares, es un factor de riesgo para desarrollar diabetes.
La idea, agrega, es que la etiqueta nutricional tenga “un mensaje más concreto, que se adapte a la realidad de la gente que lo va a comprar”.
En la misma dirección, Lapuente advierte otro punto importante: que se indique la información nutricional respecto de lo que contiene el paquete y no por porción o por 100 gramos.
“En el caso de las galletas mini, el envase contiene 2 porciones de 198 calorías cada una, pero los niños no se comen medio paquete por vez, sino que consumen el paquete completo, por lo que esta información es poco clara para los consumidores”, concluyó.
La Nación
El próximo martes el Senado votará el polémico proyecto que regula la composición nutricional de los alimentos y su publicidad (Boletín N° 4921-11) que generó la semana pasada una intensa disputa verbal entre la Concertación, la Alianza y el gobierno.
Tras el público rechazo de la Sofofa a la iniciativa -que pretende, restringir la venta de comida chatarra en establecimientos educacionales e impedir la entrega de juguetes por la compra de estos alimentos- y los reparos de la Alianza de que se atentaba contra la libertad individual de elegir qué comer, la Concertación acusó al oficialismo de ser "caja de resonancia" de los empresarios.
EXPERTOS EN NUTRICIÓN
En medio del debate los expertos en nutrición alzan su voz y respaldan la iniciativa, pues la consideran un primer paso para combatir el grave problema que significa que un 20% de los escolares de primero básico son obesos, como reveló la Encuesta Nacional de Salud 2010.
La nutrióloga y docente de la Universidad Diego Portales, Eliana Reyes, afirma “cuando se trata de la salud de los niños, ninguna medida es absurda. Es bueno que haya una legislación más bien restrictiva”.
De esta forma, Reyes descartó -desde su experiencia médica- los argumentos de que la iniciativa atenta contra la libertad de elegir qué comer. “El proyecto apunta a educar a las familias. De todas formas tendrán la libertad de adquirir la comida en supermercados. No se prohibe, sino que se restringe la venta de comida poco saludable en el colegio, por el riesgo de que los niños hagan una elección inadecuada. No podemos dejarle a ellos la responsabilidad de lo que comen”.
En este sentido, explica que la obesidad en etapa escolar es un problema grave, porque redunda en “adolescentes y adultos jóvenes con enfermedades cardiovasculares que antes se veían después de los 40 ó 50 años”.
La especialista agrega que “para combatir la obesidad infantil se necesita mucha educación sobre nutrición y estilo de vida saludable, por lo tanto cada iniciativa que eduque a la población sobre lo que come -en cuanto a calorías, contenido de grasa y sal- será bueno”.
ELEGIR CON INFORMACIÓN
Para Geraldine Lapuente, nutricionista de Clínica Vespucio, es fundamental tomar cartas en el asunto, pues “los índices de sobrepeso y obesidad en la población infantil son alarmantes. Es un problema de salud pública, el Estado debe resguardar a los ciudadanos. No es un atentado a la libertad de elegir, lo óptimo sería que escogieran como alimentarse con conocimientos adecuados y responsabilidad”, sentenció.
De ahí que, a su juicio, el proyecto de ley aparezca como un buen punto de partida, pero “debe ir acompañado de un programa educativo en alimentación para lograr cambios en los hábitos de las personas”.
Eso requiere, agrega Lapuente, “una ardua tarea que involucra una labor educativa potente y constante con una mirada preventiva en la población”.
Por ello, ambas especialistas concuerdan con la prohibición de venta de comida chatarra o golosinas en los establecimientos de educación básica y media.
“Donde hay niños, se debe restringir la venta de alimentos chatarras y bebidas con azúcar. Hay países como Canadá y EEUU que prohibieron la venta de bebidas dulces en los colegios, por qué no lo podemos hacer acá. Es por el bien de la salud de la población. No se estará restringiendo algo esencial”, afirma la docente de la UDP.
En la misma línea, Lapuente precisa que “hay una gran cantidad de niños y adolescentes que compran su colación y/o almuerzo en el colegio y se encuentran con una gran oferta de alimentos chatarra, es decir, de alto contenido de sal, azúcares y grasas que, por sus características organolépticas, son altamente apetecibles y además, baratos”.
Asimismo, Reyes apoya la idea de prohibir la entrega de juguetes o incentivos asociada a la compra de comida chatarra, pues “es un gancho para los niños que eligen con el interés de juntar una colección de juguetes. No me parece ético, porque los niños son manipulables”.
SIMPLIFICAR EL ETIQUETADO
Aunque en el debate parlamentario se rechazó crear un semáforo nutricional para la alimentación saludable, tanto la doctora Reyes como Lapuente concuerdan en que era un buen mecanismo para facilitar la tarea de entender qué producto es saludable y cual no.
La docente de la UDP apunta a la necesidad de simplificar el etiquetado nutricional.
-Se debe destacar si un alimento es alto en grasa, sodio, azúcar, grasas saturadas.
-Usar colores
-Incorporar leyenda explicativa: si un alimento es alto en grasas saturadas, los hipertensos no lo deben consumir o que uno alto en azúcares, es un factor de riesgo para desarrollar diabetes.
La idea, agrega, es que la etiqueta nutricional tenga “un mensaje más concreto, que se adapte a la realidad de la gente que lo va a comprar”.
En la misma dirección, Lapuente advierte otro punto importante: que se indique la información nutricional respecto de lo que contiene el paquete y no por porción o por 100 gramos.
“En el caso de las galletas mini, el envase contiene 2 porciones de 198 calorías cada una, pero los niños no se comen medio paquete por vez, sino que consumen el paquete completo, por lo que esta información es poco clara para los consumidores”, concluyó.
La Nación