El ser humano siente. Las sensaciones obedecen a sentimientos y provocan emociones. Las personas son individuos completos a este respecto. No podemos evitar exponernos a determinadas situaciones a lo largo de nuestra vida que pueden provocarnos estados de desesperanza y tristeza extremas. Éstos traen aparejados toda una serie de respuestas fisiológicas que convulsionan nuestros cuerpos. El desamor, entendido como la sensación de abandono y la impotencia al no poder mantener a nuestro lado a la persona amada, sumerge a la persona en un estado de ansiedad y tristeza que le imposibilita desenvolverse en muchas de sus actividades diarias.
El desamor puede venir tras una ruptura con una pareja estable, por un amor no correspondido o por la pérdida del ser amado. Aparecen en estos contextos las sensaciones de ahogo, la total melancolía y el ostracismo. La falta de apetito y el total descontrol de las emociones hacen de estas realidades marcos existenciales en los que se hace necesario apoyarse en ayudas ajenas a nosotros mismos. Es necesario involucrar la cabeza en actividades que nos alejen de los recuerdos. No podemos estar cuestionándonos continuamente sobre nuestros actos pasados ni pretender que la otra persona sienta como nosotros lo hacemos. Muchos psicólogos ven en el deporte una alternativa que puede ocuparnos un tiempo y hacernos sentir mejor. El contacto con el aire libre, la liberación de tensión de nuestros músculos y el derivar el pensamiento al ejercicio, puede distraernos y facilitarnos el no desarrollar una depresión. El contacto con familia y amigos es también una terapia de eficaz resultado.
Podremos hablar sobre nosotros y recibir las respuestas de personas que nos quieren y desean lo mejor para nosotros. Los intercambios de sensaciones humanas, el poder compartir lo que sentimos y confiar en que es un estado transitorio, nos ayudarán a superar estos períodos de tristeza y desamor. Con paciencia y constancia. No hay más truco. La confianza en uno mismo es imprescindible para salvar los obstáculos. El miedo a la soledad es algo frecuente. Pero debemos saber que nunca estaremos solos, confiar en nosotros mismos y andar siempre el camino. Puede que sea difícil. Pero no hay herida que tiempo y cariño no curen.
Penas de Amor