En el mazo de Holanda, siempre figura la carta de un puntero. Y suele ser un naipe para romper el juego del rival, para llevarlo a la derrota. Ningún otro vivero en el mundo se dedica tanto a cultivar wings.
Del plantel que trajo Holanda a Sudáfrica, el prototipo de extremo es Arjen Robben, que ayer vio el debut triunfal de su seleccionado desde el banco de los suplentes, con una férula en la parte posterior de la rodilla izquierda, a causa de una lesión que sólo le permitirá jugar el sábado próximo, frente a Japón. Cuando, en un primer momento, se puso en duda la presencia de Robben en el Mundial, muchos señalaron a Eljiro Elía como su reemplazante, ya que comparten un perfil futbolístico. Les gusta jugar pegado a la raya, son atrevidos y veloces. Son los herederos de Marc Overmars. Pero ante Dinamarca, el técnico Van Marwijk respetó las jerarquías e hizo una formación políticamente correcta. Prefirió ubicar sobre la izquierda a Rafael van der Vaart (Real Madrid), a pesar de que no es un puntero puro, por lo cual su tendencia a cerrarse y caer en el embudo de los dinamarqueses resultó inevitable.
El partido era un nudo inextricable. Holanda proponía más, pero lo hacía de manera confusa, sin sorpresa. Dinamarca se agrupaba en su campo y especulaba con algún contraataque a partir del buen control de pelota del veterano Rommedahl por la derecha y de los movimientos de pivote de Bendtner, con el que Morten Olsen engañó a todos porque se daba descartado por lesión.
De tan cortado y discontinuo que era el desarrollo, daban ganas de aprovechar el templado mediodía sudafricano con un almuerzo al aire libre. En la cancha pasaba poco y nada, y los numerosos hinchas holandeses -como siempre, producidos de naranja- que poblaban las tribunas quedaban mimetizados con el mismo color de las butacas del Soccer City.
La Sudáfrica blanca
En todo su conjunto, campo y entorno, el partido era una fotografía (fea), algo estático, invariable, sin vida. Hizo falta una gruesa equivocación para salir del sopor. Esta vez, no hubo culpa de un arquero. Dos defensores se asociaron en el zafarrancho. El Mundial le dio la "bienvenida" a su primer gol en contra, bastante absurdo, por cierto. El centro de Van Persie no llevaba peligro. Lo transformó en letal el lateral Simon Poulsen, con un defectuoso despeje de cabeza que dio en la espalda de Agger y entró junto a un poste. La FIFA estuvo a punto de sumarse al dislate al darle la autoría del gol a Poulsen, a pesar de que el rechazo nunca habría entrado en el arco si no hubiera pegado en Agger. Pasadas varias horas, la FIFA corrigió la información. La que no tuvo posibilidad de enmendar el error fue Dinamarca.
Holanda se puso en ventaja y Dinamarca empezó a dejar huecos que antes cubría a cal y a canto. Pero el partido igual no terminaba de abrirse, de sacarse el almidón. La monotonía se quebró cuando a los 22 minutos entró Elía por Van der Vaart. El negro, hijo de padres de Surinam, se pegó a la banda izquierda. En la primera intervención, con un quiebro y giro eliminó a dos rivales. Hasta entonces, no se había visto nada igual. Era como un espejismo, un placer visual. La gente también se espabiló con Elía, que en cada intervención provocaba una corriente de excitación y alaridos. No era la reencarnación de Garrincha, pero al menos levantaba el espectáculo. Elía mejoró hasta al talentoso Sneijder, que no había encontrado a quién ponerle una pelota de gol. El delantero de Hamburgo le marcó el pase con un pique y el volante de Inter le puso una asistencia justa. La definición de Elía fue exquisita, de derecha y cruzada, merecía ser gol suyo, pero dio en un poste y le quedó a Kuyt para el 2 a 0.
En el palco, Johan Cruyff habrá sentido que no se equivocó cuando hace un par de temporadas, como presidente de un jurado, nombró a Elía como el talento del año. Con 23 años, desde hace uno Hamburgo lo compró al Twente holandés en 9,5 millones de euros. De los 11 encuentros que disputó con Holanda, sólo dos lo hizo de manera completa. Convirtió dos goles; el primero, a Escocia, por las eliminatorias, lo cual le valió ganarse definitivamente un lugar en el plantel. Ya lo hizo renegar al técnico Van Marwijk, que hace poco prohibió el uso de Twitter en el plantel, porque Elía armó un escándalo en la red social con un mensaje ("marroquí canceroso") que él pretendía que fuera gracioso. Para despertar sonrisas, mejor darle una pelota y que invente por la izquierda.
Del plantel que trajo Holanda a Sudáfrica, el prototipo de extremo es Arjen Robben, que ayer vio el debut triunfal de su seleccionado desde el banco de los suplentes, con una férula en la parte posterior de la rodilla izquierda, a causa de una lesión que sólo le permitirá jugar el sábado próximo, frente a Japón. Cuando, en un primer momento, se puso en duda la presencia de Robben en el Mundial, muchos señalaron a Eljiro Elía como su reemplazante, ya que comparten un perfil futbolístico. Les gusta jugar pegado a la raya, son atrevidos y veloces. Son los herederos de Marc Overmars. Pero ante Dinamarca, el técnico Van Marwijk respetó las jerarquías e hizo una formación políticamente correcta. Prefirió ubicar sobre la izquierda a Rafael van der Vaart (Real Madrid), a pesar de que no es un puntero puro, por lo cual su tendencia a cerrarse y caer en el embudo de los dinamarqueses resultó inevitable.
El partido era un nudo inextricable. Holanda proponía más, pero lo hacía de manera confusa, sin sorpresa. Dinamarca se agrupaba en su campo y especulaba con algún contraataque a partir del buen control de pelota del veterano Rommedahl por la derecha y de los movimientos de pivote de Bendtner, con el que Morten Olsen engañó a todos porque se daba descartado por lesión.
De tan cortado y discontinuo que era el desarrollo, daban ganas de aprovechar el templado mediodía sudafricano con un almuerzo al aire libre. En la cancha pasaba poco y nada, y los numerosos hinchas holandeses -como siempre, producidos de naranja- que poblaban las tribunas quedaban mimetizados con el mismo color de las butacas del Soccer City.
La Sudáfrica blanca
En todo su conjunto, campo y entorno, el partido era una fotografía (fea), algo estático, invariable, sin vida. Hizo falta una gruesa equivocación para salir del sopor. Esta vez, no hubo culpa de un arquero. Dos defensores se asociaron en el zafarrancho. El Mundial le dio la "bienvenida" a su primer gol en contra, bastante absurdo, por cierto. El centro de Van Persie no llevaba peligro. Lo transformó en letal el lateral Simon Poulsen, con un defectuoso despeje de cabeza que dio en la espalda de Agger y entró junto a un poste. La FIFA estuvo a punto de sumarse al dislate al darle la autoría del gol a Poulsen, a pesar de que el rechazo nunca habría entrado en el arco si no hubiera pegado en Agger. Pasadas varias horas, la FIFA corrigió la información. La que no tuvo posibilidad de enmendar el error fue Dinamarca.
Holanda se puso en ventaja y Dinamarca empezó a dejar huecos que antes cubría a cal y a canto. Pero el partido igual no terminaba de abrirse, de sacarse el almidón. La monotonía se quebró cuando a los 22 minutos entró Elía por Van der Vaart. El negro, hijo de padres de Surinam, se pegó a la banda izquierda. En la primera intervención, con un quiebro y giro eliminó a dos rivales. Hasta entonces, no se había visto nada igual. Era como un espejismo, un placer visual. La gente también se espabiló con Elía, que en cada intervención provocaba una corriente de excitación y alaridos. No era la reencarnación de Garrincha, pero al menos levantaba el espectáculo. Elía mejoró hasta al talentoso Sneijder, que no había encontrado a quién ponerle una pelota de gol. El delantero de Hamburgo le marcó el pase con un pique y el volante de Inter le puso una asistencia justa. La definición de Elía fue exquisita, de derecha y cruzada, merecía ser gol suyo, pero dio en un poste y le quedó a Kuyt para el 2 a 0.
En el palco, Johan Cruyff habrá sentido que no se equivocó cuando hace un par de temporadas, como presidente de un jurado, nombró a Elía como el talento del año. Con 23 años, desde hace uno Hamburgo lo compró al Twente holandés en 9,5 millones de euros. De los 11 encuentros que disputó con Holanda, sólo dos lo hizo de manera completa. Convirtió dos goles; el primero, a Escocia, por las eliminatorias, lo cual le valió ganarse definitivamente un lugar en el plantel. Ya lo hizo renegar al técnico Van Marwijk, que hace poco prohibió el uso de Twitter en el plantel, porque Elía armó un escándalo en la red social con un mensaje ("marroquí canceroso") que él pretendía que fuera gracioso. Para despertar sonrisas, mejor darle una pelota y que invente por la izquierda.
