"Rumbo a Sudáfrica 2010."
El futbol nunca volvió a ser igual. El inicio de los mundiales, en Uruguay 1930, abrió una brecha que todavía no encuentra límite. Hoy en día se ha convertido en pasión y negocio, pero la nostalgia por el amor a la camiseta se hizo presente hace casi 80 años.
El campeón fue el local ante casi 100 mil espectadores en el Centenario. Ese primer gran torneo, impulsado por Jules Rimet, fue el inicio de una historia llena de tardes de gloria con cientos de brillantes protagonistas.
Además del local, seis equipos representaron a Sudamérica para este primer torneo mundialista: Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Perú. Por Norteamérica fueron invitados Estados Unidos y México. La única mala nota en este experimento se dio cuando la mayoría de las naciones europeas se negaron a asistir, luego de que el torneo no se llevara a cabo en su territorio, por lo que solamente Bélgica, Francia, Rumania y Yugoslavia estuvieron en la cita.
Listos los 13 equipos que se jugarían el primer trofeo de la FIFA -creada en 1904-, surgió un inconveniente. El estadio Centenario no había sido terminado por la fuerte lluvia que cayó durante esas semanas en Montevideo, por lo que los primeros encuentros se jugaron en el Pocitos y el Parque Central, del Peñarol y del Nacional, respectivamente.
El destino quiso que México se presentara en la inauguración ante Francia -13 de julio-, tal y como sucederá este año en Sudáfrica. Los franceses eran uno de los cuatro cuadros europeos que aceptaron la invitación de Rimet para asistir a Sudámerica y quedaron en el Grupo Uno. A pesar del esfuerzo que la escuadra mexicana realizó en todo momento, el conjunto nacional no pudo contra su similar galo, que terminó imponiéndose con goleada de 4-1, con Juan Carreño como anotador del primer tanto de los equipos mexicanos en las justas mundialistas.
Dos días después, Francia se midió ante Argentina, sin la suerte del primer encuentro, por lo que cayó 1-0. El 16 de julio, la escuadra mexicana volvió a sucumbir, ahora 3-0 ante Chile, que tres días después derrotó a los galos. En los últimos dos partidos de este sector, el talentoso equipo argentino dio cuenta de México (6-3) y Chile (3-1) para quedar como primer lugar de esa fase y clasificarse para las semifinales.
Uruguay -situado en el Grupo Tres- no entró en acción hasta el 18 de julio, justo cuando el estadio Centenario estuvo listo para que la afición local apoyara a su selección. La escuadra charrúa, poderosa en esos tiempos, no tuvo problemas para vencer a Perú (1-0) y a Rumania (4-0) para seguir adelante en el torneo, ante la algarabía de su gente.
Los otros semifinalistas de este primer Mundial fueron Yugoslavia (que derrotó a Brasil y a Bolivia) y Estados Unidos, que sorprendió al pasarle por encima a las selecciones de Bélgica y Paraguay.
Los cruces de los partidos semifinales evitaron un enfrentamiento entre uruguayos y argentinos, que finalmente se medirían en la gran final, luego de salir vencedores en sus respectivos duelos por el mismo marcador, de 6-1.
Aunque los uruguayos eran los favoritos naturales por estar en casa y los antecedentes que tenían como campeones olímpicos, el nivel de la selección de 1930 estaba lejos de los que ganaron la gloria en los Juegos Olímpicos de 1928, en Amsterdam. El Río de la Plata fue el camino que siguieron los aficionados argentinos para llegar a Montevideo y no perderse la cita. El estadio Centenario recibió a 90 mil espectadores (aunque su capacidad era de 100 mil) para el primer juego por el cetro de los mundiales y la conquista del trofeo Victoire aux Ailes d'Or -después Jules Rimet-. La gloria disputada entre dos equipos.
Con un tanto de Guillermo Stábile, goleador del torneo, Argentina se fue al frente 2-1, durante la primera mitad del cotejo, pero una férrea reacción de los locales desató la locura del público en el Centenario, que fue testigo de la primera gran hazaña en la historia de estos torneos, una voltereta heroica que dio a los uruguayos el título de campeones en la primera justa de la historia.
El futbol nunca volvió a ser igual. El inicio de los mundiales, en Uruguay 1930, abrió una brecha que todavía no encuentra límite. Hoy en día se ha convertido en pasión y negocio, pero la nostalgia por el amor a la camiseta se hizo presente hace casi 80 años.
El campeón fue el local ante casi 100 mil espectadores en el Centenario. Ese primer gran torneo, impulsado por Jules Rimet, fue el inicio de una historia llena de tardes de gloria con cientos de brillantes protagonistas.
Además del local, seis equipos representaron a Sudamérica para este primer torneo mundialista: Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Perú. Por Norteamérica fueron invitados Estados Unidos y México. La única mala nota en este experimento se dio cuando la mayoría de las naciones europeas se negaron a asistir, luego de que el torneo no se llevara a cabo en su territorio, por lo que solamente Bélgica, Francia, Rumania y Yugoslavia estuvieron en la cita.
Listos los 13 equipos que se jugarían el primer trofeo de la FIFA -creada en 1904-, surgió un inconveniente. El estadio Centenario no había sido terminado por la fuerte lluvia que cayó durante esas semanas en Montevideo, por lo que los primeros encuentros se jugaron en el Pocitos y el Parque Central, del Peñarol y del Nacional, respectivamente.
El destino quiso que México se presentara en la inauguración ante Francia -13 de julio-, tal y como sucederá este año en Sudáfrica. Los franceses eran uno de los cuatro cuadros europeos que aceptaron la invitación de Rimet para asistir a Sudámerica y quedaron en el Grupo Uno. A pesar del esfuerzo que la escuadra mexicana realizó en todo momento, el conjunto nacional no pudo contra su similar galo, que terminó imponiéndose con goleada de 4-1, con Juan Carreño como anotador del primer tanto de los equipos mexicanos en las justas mundialistas.
Dos días después, Francia se midió ante Argentina, sin la suerte del primer encuentro, por lo que cayó 1-0. El 16 de julio, la escuadra mexicana volvió a sucumbir, ahora 3-0 ante Chile, que tres días después derrotó a los galos. En los últimos dos partidos de este sector, el talentoso equipo argentino dio cuenta de México (6-3) y Chile (3-1) para quedar como primer lugar de esa fase y clasificarse para las semifinales.
Uruguay -situado en el Grupo Tres- no entró en acción hasta el 18 de julio, justo cuando el estadio Centenario estuvo listo para que la afición local apoyara a su selección. La escuadra charrúa, poderosa en esos tiempos, no tuvo problemas para vencer a Perú (1-0) y a Rumania (4-0) para seguir adelante en el torneo, ante la algarabía de su gente.
Los otros semifinalistas de este primer Mundial fueron Yugoslavia (que derrotó a Brasil y a Bolivia) y Estados Unidos, que sorprendió al pasarle por encima a las selecciones de Bélgica y Paraguay.
Los cruces de los partidos semifinales evitaron un enfrentamiento entre uruguayos y argentinos, que finalmente se medirían en la gran final, luego de salir vencedores en sus respectivos duelos por el mismo marcador, de 6-1.
Aunque los uruguayos eran los favoritos naturales por estar en casa y los antecedentes que tenían como campeones olímpicos, el nivel de la selección de 1930 estaba lejos de los que ganaron la gloria en los Juegos Olímpicos de 1928, en Amsterdam. El Río de la Plata fue el camino que siguieron los aficionados argentinos para llegar a Montevideo y no perderse la cita. El estadio Centenario recibió a 90 mil espectadores (aunque su capacidad era de 100 mil) para el primer juego por el cetro de los mundiales y la conquista del trofeo Victoire aux Ailes d'Or -después Jules Rimet-. La gloria disputada entre dos equipos.
Con un tanto de Guillermo Stábile, goleador del torneo, Argentina se fue al frente 2-1, durante la primera mitad del cotejo, pero una férrea reacción de los locales desató la locura del público en el Centenario, que fue testigo de la primera gran hazaña en la historia de estos torneos, una voltereta heroica que dio a los uruguayos el título de campeones en la primera justa de la historia.
