De los medios internacionales.
La lesión de Pelé, la entrada a la inmortalidad de Garrincha, el bicampeonato de Brasil, el primer triunfo de México en un Mundial, la organización del torneo por parte de una nación devastada años atrás por desastres naturales, el retorno al continente americano de la máxima competencia de futbol, una bronca monumental entre locales e italianos, todo eso fue parte de Chile 1962, un certamen mágico en todos sentidos.
En este campeonato se rompió la barrera de la caballerosidad que pudiera existir en el balompié, con la excesiva fuerza física que muchos equipos utilizaron en el terreno de juego y hasta de la injerencia de los medios de comunicación y otras fuerzas externas con respecto del campeonato. Lo anterior tuvo mayor notoriedad en la lesión de Pelé, quien no aguantó las duras entradas de sus adversarios, pero sobre todo, en la llamada "Batalla de Santiago", partido entre las selecciones de Italia y Chile, en la que dos italianos fueron expulsados y uno acabó con la nariz rota, tras recibir un izquierdazo de un jugador chileno.
Con Pelé fuera del campeonato, el "escuálido" Garricha se alzó como la figura que proyectó a Brasil a su segundo campeonato del Mundo de manera consecutiva. Pero no estuvo solo, le acompañaron otros grandes de la verdeamarelha como Amarildo, Mario Zagallo y Didí. Entre todas estas figuras lograron llegar al final de un sinuoso camino lleno de grandes pruebas y golpes de todo tipo.
Para el Mundial en tierras andinas, la Selección Mexicana tuvo que clasificarse, además de contra los equipos de la Concacaf, ante Paraguay en una repesca, pero logró obtener su boleto para un torneo en el que hizo historia. A pesar de que México no logró pasar a los cuartos de final, consiguió su primer triunfo en la justa más importante del orbe, 3-1 frente a Checoslovaquia, conjunto que semanas después disputaría la final frente a los favoritos brasileños.
Otra de las bajas sensibles que tuvo este campeonato fue la de Alfredo di Stéfano, quien al estar lesionado no pudo jugar con la selección de España, que en esas fechas parecía un combinado de las Naciones Unidas por el número de jugadores naturalizados que tenía en sus filas. A pesar de no contar con La Saeta Rubia, la Furia contaba con un gran equipo, pero figuras como Luis Suárez, Ferenc Puskas y Francisco Gento, solamente pudieron ganarle a México por la mínima y se despidieron tristemente del torneo, como la gran decepción.
Las duras batallas que se registraron en este Campeonato Mundial tuvieron su final con la lucha por la Copa entre Brasil y Checoslovaquia, pero ni siquiera este duelo se salvó de la polémica que caracterizó el torneo: Garrincha fue expulsado en las semifinales ante el local, Chile, y se pensaba que la escuadra verdeamarelha se vendría abajo. Sin embargo, un sutil movimiento de altos mandos brasileños logró que la estrella estuviera presente en el gran partido definitivo.
Con su astro listo para jugar, Brasil volvió a tomar el rol de favorito en la final, pero el partido inició de la peor forma que podía para los sudamericanos. Josef Masopust abrió el marcador a los 15 minutos de juego. La sorpresa fue mayúscula en el estadio Nacional. Sin embargo, los brasileños responderían casi de manera instantánea, para volver a poner las cosas, dentro y fuera del terreno de juego, en su favor. Amarildo igualó el marcador al 17', así se irían al descanso.
Para la segunda parte, el equipo de Checoslovaquia buscó volver a hacer daño en los primeros minutos, pero le fue imposible. Zito (69') y Vavá (78') pusieron las cifras definitivas para que la escuadra brasileña se levantara nuevamente con la Copa Jules Rimet.
Así fue como Brasil se afianzó como una potencia a nivel mundial, gracias a su futbol dinámico, alegre, pero sobre todo efectivo. El balompié cobró mayor popularidad y cada vez más países iniciaban proyectos formales para asegurar su participación en las próximas copas del mundo; por ello, Chile 1962 fue un punto y aparte en la historia de los mundiales, pues dejó constancia de un torneo que crecía sin detener su paso y que obviamente cobraba un mayor interés.
La lesión de Pelé, la entrada a la inmortalidad de Garrincha, el bicampeonato de Brasil, el primer triunfo de México en un Mundial, la organización del torneo por parte de una nación devastada años atrás por desastres naturales, el retorno al continente americano de la máxima competencia de futbol, una bronca monumental entre locales e italianos, todo eso fue parte de Chile 1962, un certamen mágico en todos sentidos.
En este campeonato se rompió la barrera de la caballerosidad que pudiera existir en el balompié, con la excesiva fuerza física que muchos equipos utilizaron en el terreno de juego y hasta de la injerencia de los medios de comunicación y otras fuerzas externas con respecto del campeonato. Lo anterior tuvo mayor notoriedad en la lesión de Pelé, quien no aguantó las duras entradas de sus adversarios, pero sobre todo, en la llamada "Batalla de Santiago", partido entre las selecciones de Italia y Chile, en la que dos italianos fueron expulsados y uno acabó con la nariz rota, tras recibir un izquierdazo de un jugador chileno.
Con Pelé fuera del campeonato, el "escuálido" Garricha se alzó como la figura que proyectó a Brasil a su segundo campeonato del Mundo de manera consecutiva. Pero no estuvo solo, le acompañaron otros grandes de la verdeamarelha como Amarildo, Mario Zagallo y Didí. Entre todas estas figuras lograron llegar al final de un sinuoso camino lleno de grandes pruebas y golpes de todo tipo.
Para el Mundial en tierras andinas, la Selección Mexicana tuvo que clasificarse, además de contra los equipos de la Concacaf, ante Paraguay en una repesca, pero logró obtener su boleto para un torneo en el que hizo historia. A pesar de que México no logró pasar a los cuartos de final, consiguió su primer triunfo en la justa más importante del orbe, 3-1 frente a Checoslovaquia, conjunto que semanas después disputaría la final frente a los favoritos brasileños.
Otra de las bajas sensibles que tuvo este campeonato fue la de Alfredo di Stéfano, quien al estar lesionado no pudo jugar con la selección de España, que en esas fechas parecía un combinado de las Naciones Unidas por el número de jugadores naturalizados que tenía en sus filas. A pesar de no contar con La Saeta Rubia, la Furia contaba con un gran equipo, pero figuras como Luis Suárez, Ferenc Puskas y Francisco Gento, solamente pudieron ganarle a México por la mínima y se despidieron tristemente del torneo, como la gran decepción.
Las duras batallas que se registraron en este Campeonato Mundial tuvieron su final con la lucha por la Copa entre Brasil y Checoslovaquia, pero ni siquiera este duelo se salvó de la polémica que caracterizó el torneo: Garrincha fue expulsado en las semifinales ante el local, Chile, y se pensaba que la escuadra verdeamarelha se vendría abajo. Sin embargo, un sutil movimiento de altos mandos brasileños logró que la estrella estuviera presente en el gran partido definitivo.
Con su astro listo para jugar, Brasil volvió a tomar el rol de favorito en la final, pero el partido inició de la peor forma que podía para los sudamericanos. Josef Masopust abrió el marcador a los 15 minutos de juego. La sorpresa fue mayúscula en el estadio Nacional. Sin embargo, los brasileños responderían casi de manera instantánea, para volver a poner las cosas, dentro y fuera del terreno de juego, en su favor. Amarildo igualó el marcador al 17', así se irían al descanso.
Para la segunda parte, el equipo de Checoslovaquia buscó volver a hacer daño en los primeros minutos, pero le fue imposible. Zito (69') y Vavá (78') pusieron las cifras definitivas para que la escuadra brasileña se levantara nuevamente con la Copa Jules Rimet.
Así fue como Brasil se afianzó como una potencia a nivel mundial, gracias a su futbol dinámico, alegre, pero sobre todo efectivo. El balompié cobró mayor popularidad y cada vez más países iniciaban proyectos formales para asegurar su participación en las próximas copas del mundo; por ello, Chile 1962 fue un punto y aparte en la historia de los mundiales, pues dejó constancia de un torneo que crecía sin detener su paso y que obviamente cobraba un mayor interés.
