Bicentenario de Chile.
Las carreras a la chilena tienen un gran estudioso en Oreste Plath: "las carreras en pelo o a la chilena, que tienen por cancha un camino real, o una alameda, son las que entusiasman más a los campesinos. No hay para qué describir el júbilo de una de estas justas en que el jinete sin montura, sin espuelas, agarrándose solamente de las crines, llega a la meta.
En ocasiones se establecen condiciones: cuadra y media, jinete libre. Cuando hay carreras, cualquiera que sea la distancia, nadie, ese día, se queda en casa.
Las mujeres, llevadas al anca, presenciarán como en una tribuna criolla esta fiesta de pura alma nacional. La carrera a la chilena no es un juego de azar, aunque se crucen apuestas. El interés de la ganancia es absolutamente secundario; la carrera se hace por la carrera misma, por el triunfo del animal y por el placer que experimenta su dueño. A menudo, los asistentes, los concurrentes a estas carreras se exaltan y se forman boches. El fallo está dado, el Juez de la carrera, el Comisario y los veedores, dictaron su sentencia".
El investigador del folclore continúa su análisis, refiriéndose esta vez a la rayuela, que define como una disciplina jugada por el pueblo con una pieza de forma circular, por lo general de plomo o bronce, semejantes en peso y en porte.
Los indios araucanos conocieron este juego y lo llamaron tecun (tejos). Tenían tejos de piedra de distintos tamaños y colores: rojo, negro y blanco.
Cada jugador se promueve de un par de tejos. Se juega por equipos o por parejas. El juego consiste en largar los tejos sobre una raya señalada en el suelo o sobre una lienza o cuerda tensa, que casi siempre reemplaza a la raya. Los tejos que caen sobre la lienza, están colocados en posición ventajosa sobre los otros que la orillan. Hay punto bordeado y punto quemado.
La cancha es un terreno que se prepara especialmente para el efecto. El escenario principal es un espacio que mide alrededor de 90 cm. de ancho por 50 centímetros de largo.
Sobre esta última medida, se atraviesa la lienza, dejando 25 centímetros a cada lado. Los bordes de esta pequeña cancha se marcan o enmarcan con maderos, quedando este recinto en liviano terraplén, por el suelo plano.
Los jugadores toman distancia, más o menos 18, 20 y 25 pasos y comienzan a largar los tejos por orden y a oírse expresiones como: "déjemelo como punto", "¡allá va una!", "el cuarenta (dos quemadas), quemada".
Las carreras a la chilena tienen un gran estudioso en Oreste Plath: "las carreras en pelo o a la chilena, que tienen por cancha un camino real, o una alameda, son las que entusiasman más a los campesinos. No hay para qué describir el júbilo de una de estas justas en que el jinete sin montura, sin espuelas, agarrándose solamente de las crines, llega a la meta.
En ocasiones se establecen condiciones: cuadra y media, jinete libre. Cuando hay carreras, cualquiera que sea la distancia, nadie, ese día, se queda en casa.
Las mujeres, llevadas al anca, presenciarán como en una tribuna criolla esta fiesta de pura alma nacional. La carrera a la chilena no es un juego de azar, aunque se crucen apuestas. El interés de la ganancia es absolutamente secundario; la carrera se hace por la carrera misma, por el triunfo del animal y por el placer que experimenta su dueño. A menudo, los asistentes, los concurrentes a estas carreras se exaltan y se forman boches. El fallo está dado, el Juez de la carrera, el Comisario y los veedores, dictaron su sentencia".
El investigador del folclore continúa su análisis, refiriéndose esta vez a la rayuela, que define como una disciplina jugada por el pueblo con una pieza de forma circular, por lo general de plomo o bronce, semejantes en peso y en porte.
Los indios araucanos conocieron este juego y lo llamaron tecun (tejos). Tenían tejos de piedra de distintos tamaños y colores: rojo, negro y blanco.
Cada jugador se promueve de un par de tejos. Se juega por equipos o por parejas. El juego consiste en largar los tejos sobre una raya señalada en el suelo o sobre una lienza o cuerda tensa, que casi siempre reemplaza a la raya. Los tejos que caen sobre la lienza, están colocados en posición ventajosa sobre los otros que la orillan. Hay punto bordeado y punto quemado.
La cancha es un terreno que se prepara especialmente para el efecto. El escenario principal es un espacio que mide alrededor de 90 cm. de ancho por 50 centímetros de largo.
Sobre esta última medida, se atraviesa la lienza, dejando 25 centímetros a cada lado. Los bordes de esta pequeña cancha se marcan o enmarcan con maderos, quedando este recinto en liviano terraplén, por el suelo plano.
Los jugadores toman distancia, más o menos 18, 20 y 25 pasos y comienzan a largar los tejos por orden y a oírse expresiones como: "déjemelo como punto", "¡allá va una!", "el cuarenta (dos quemadas), quemada".
